3 tipos de depósitos mineros masivos: no todos son iguales

Cuando hablamos de residuos mineros, no todo es “relave”. Chile tiene 836 tranques de relaves registrados. Además, los botaderos de estéril y los depósitos de lixiviación aún no cuentan con un catastro completo. Entender qué tipo es cada uno es el punto de partida para cualquier evaluación de riesgo.

El primer tipo es el tranque de relaves. Ahí se deposita el residuo fino y acuoso que queda después de procesar el mineral en planta. Suele quedar contenido detrás de un muro, mantiene alto contenido de agua y, si falla, puede gatillar procesos graves como licuefacción. Por eso es uno de los depósitos más regulados en Chile.

El segundo tipo es el botadero de estéril. Está formado por roca extraída durante la minería que no tiene valor comercial. No funciona como un depósito con agua, pero sí puede presentar problemas de estabilidad por taludes muy grandes o por saturación durante lluvias intensas. Es muy común en minería a cielo abierto.

El tercer tipo es el depósito de lixiviación. Aquí el mineral se apila sobre una membrana impermeable y se le aplica una solución química para extraer el metal. Su riesgo no solo está en la estabilidad de la pila, sino también en posibles filtraciones hacia suelos o napas si el sistema falla.

Desde satélite, los tres depósitos suelen verse distintos. Los tranques tienden a mostrar superficies claras o espejos de agua; los botaderos aparecen como volúmenes irregulares y más oscuros; y los depósitos de lixiviación destacan por su geometría ordenada y por la presencia de tuberías o patrones lineales. Por eso AI-MineSafe los trata como clases distintas al analizar imágenes.

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